En una pequeña casa de la vereda El Botón de Santa Rosa de Osos, en medio de montañas y una carretera polvorienta, viven Carolina Álvarez, su esposo Johan Stiven Restrepo, y sus dos hijas María José y Guadalupe de 3 y 9 años. Tras ordeñar las vacas, dedicarse al campo y al hogar, esta madre espera que sus niñas lleguen de la escuela rural para leerles cuentos de princesas, de hadas madrinas, de superhéroes o de monstruos, envolviéndolas en historias de fantasía, mitos y leyendas.

Hoy su rutina de las tardes cambió, quien lee en voz alta no es la madre campesina, es nuestra promotora de lectura, Claudia Lucía Calle, con un tono agudo y emotivo, usando sus expresiones faciales y sus manos para mantener la lectura viva.
Claudia llegó desde Medellín hasta la vereda, ubicada a una hora del casco urbano de este municipio del norte del departamento, para compartir lecturas en voz alta y al aire libre con las familias beneficiarias de la estrategia Palabras Viajeras, un programa de promoción y animación de la lectura itinerante de nuestra Caja, creado en julio de 2019 con presencia en las veredas El Sabanazo y El Botón de Santa Rosa de Osos y Media Luna de Yarumal (norte de Antioquia); así como en el corregimiento San José de Apartadó y el sector El Prado de Chigorodó (Urabá).
En cinco años esta estrategia del equipo de Bibliotecas, liderada por Claudia, ha impactado a más de 150 familias campesinas, indígenas, desplazadas y víctimas del conflicto armado con morrales llenos de libros de poesía, novelas, cuentos y experiencias alrededor de la lectura con un propósito: estrechar vínculos familiares a través de historias.
Sin importar si hay lluvia o sol, Claudia emprende su recorrido en compañía de un mediador de lectura regional, esta vez su dupla es Juan David Arroyave, profesor del norte de Antioquia. Al llegar a cada casa saluda y abre un libro. En esta ocasión, lee ¿De quién es esa sombra? de Choi Sukhee, una obra ilustrada con un juego para estimular y desarrollar la imaginación. Claudia pasa las páginas, mostrándoles a María José y a Guadalupe una silueta para que adivinen la sombra de un animal u objeto, tras aciertos y desaciertos, pasa distintas solapas y les enseña qué figura era: si un tigre, una sombrilla, un oso o un perro.


Más que un morral de libros
En la vereda El Botón, al igual que en otras zonas beneficiadas de Palabras Viajeras no hay equipamientos ni juegos, escasamente una biblioteca escolar con libros desactualizados, por lo que nuestra Caja lleva material bibliográfico de calidad literaria a estas comunidades rurales. El morral que recibe cada familia incluye seis libros infantiles, novelas, poesía, entre otros, y una bitácora de lecturas recomendadas, para que las familias y sus vecinos intercambien libros durante todo el año y puedan conocer nuevas obras literarias y las experiencias que cada uno tuvo con sus lecturas.
Carolina resalta que sin este programa no sabría qué hacer en las tardes con sus hijas. “Esto hace que nos unamos como familia, aprendemos a imaginar otros mundos, a despertar ese interés por la lectura que estaba dormido. Somos del campo y conocer historias reales y surreales, así como otras costumbres nos emociona”, cuenta.
Hace tres años, antes de conocer este programa, Carolina no tenía la rutina de leer en las tardes, no sabía lo que era guardar un libro en la mesita de noche o terminar una novela completa, fue gracias a Palabras Viajeras y a promotores como Claudia, que descubrió el amor por los libros.
Un programa de inclusión
A más de 160 kilómetros de Santa Rosa de Osos, en una casa donde el piso es de tierra, las paredes y techos de tabla improvisada, reforzados con plástico para protegerse de lluvia y el sol, ubicada en San José de Apartadó, en Urabá, vive una mamá, con dos bebés y tres niñas entre 2 y 11 años, en un corregimiento que históricamente ha estado marcado por la violencia del país.
En sus rostros se reflejan cambios de ánimo cada que Claudia les lee un cuento para mostrarles otros mundos diferentes a la violencia. “Esto es lo que más me llena el alma, llegar a zonas con contextos y geografía difíciles, y encontrar familias que sanan un poco su dolor con la lectura”, resalta.
Todos los días, Claudia y los tres mediadores de lectura que acompañan Palabras Viajeras se enfrentan a experiencias muy retadoras y, a la vez muy bellas. “Iniciando el programa nos tocó salir de dos veredas por presencia de grupos armados, son situaciones complejas, pero cuando uno llega a los hogares y se siente acogido por las familias, olvida largos recorridos, carreteras en mal estado, el miedo y otras situaciones adversas”, dice.


Claudia cuenta que incluso han perdido a familias beneficiarias en San José de Apartadó, porque deben salir del corregimiento desplazadas por la violencia. Ante esta realidad los mediadores buscan a nuevas familias para integrarlas al programa y con la entrega de nuevos morrales junto con los libros.
Ella resalta que recorrer las regiones y ver las condiciones en las que viven muchas familias rurales, le parten el alma. De la misma manera, le enorgullece llegar con un programa de inclusión, para que encuentren en la lectura otros mundos y tengan conversaciones con sus vecinos inspiradas en los libros y en las historias contenidas en ellos.
“Uno se viene con el corazón hinchado de la felicidad porque es la oportunidad de disfrutar un ratico de esparcimiento, compartir con ellos historias y narraciones, sumergirlos en cuentos y personajes que ni siquiera sabían que existían. Entonces, sacarlos por un rato de esas realidades en las que viven y posibilitar estos momentos placenteros con las palabras y con las historias, es muy gratificante”, concluye.
