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Las bibliotecas públicas son pura vida

Las historias no solo habitan adentro de las bibliotecas públicas, en sus alrededores palpita la vida. Aquí, una tarde en la Plazoleta de las Personas, del Parque Biblioteca Belén.

Una brisa fresca mueve las ramas de los árboles y las hojas que cayeron al suelo se unen en un pequeño tornado que recorre algunas baldosas. Un perro corretea por la rampa y vuelve a bajar presuroso cuando los niños echan a rodar un balón. Al subir la mirada, se observa un cielo azul y un nombre: Parque Biblioteca Belén.

En una de las sillas de madera, una abuela y dos nietos se comen unos conos bañados con chocolate. Beatriz Elena Chaverra, la abuela, les propuso el plan que tanto les gusta: caminata, helado y juego con el balón en la Plazoleta de las Personas, en el ingreso al Parque Biblioteca sobre la carrera 76. Juan Pablo, de 10 años, permanece con su abuela porque no se ha terminado el cucurucho remojado que saborea en este día soleado. Sentado, juega un poco con el balón y mira a su hermanito Dominic, de 6 años, que se le adelantó y ya calienta para el partido.

“Me gusta el ambiente tranquilo. Aquí jugamos fútbol, saltamos cuerdas y los de la biblioteca organizan actividades muy buenas”, dice Juan Pablo. Beatriz Elena afirma que este sitio les encanta porque se sienten seguros. “Venimos casi todos los días, vivimos cerca, ellos pasan muy rico y se encuentran con otros niños”. 

Un hombre lee el periódico aprovechando una sombra, cerca de Sarai y Juan José González, de 13 y 16 años. El cielo, los árboles y la tranquilidad que experimentan es lo que los hace ir por lo menos una vez a la semana a reposar en una banca, escuchar música, hablar y ver la gente pasar. “Se siente uno como en otro mundo”, asegura Sarai y su hermano complementa, “a veces nos sentamos cerca del espejo de agua, entramos a la biblioteca o venimos a la plazoleta. Estamos a unas cuadras y es una buena alternativa para salir de casa y hacer algo distinto”.

A su lado, una pareja camina de la mano: Marelen Gil y Óscar Puerta cumplen con el recorrido habitual por el Parque Biblioteca impulsados por Manuela, su bulldog inglés. “Siempre que pasamos y vemos mucha gente nos alegramos porque es un lugar de esparcimiento para toda la comunidad, gratis, bonito”.

En el piso, relajados, un grupo de jóvenes que hacen parte de una organización social de la comuna 16-Belén dialoga. Salieron de una reunión con otros colectivos en la Sala Mi Barrio y se quedaron para compartir un poco más. Para ellos, los sitios al aire libre que rodean la biblioteca son puntos de encuentro en los que experimentan “tranquilidad” y coinciden en mencionar esta palabra, común entre quienes habitan la plazoleta en esta tarde. A Sebastián Parra le parece que, tanto lo que pasa adentro, entre los libros, como en el exterior es muy interesante. “Esto va más allá de una biblioteca, ellos impulsan procesos y brindan talleres”.   

Mientras siguen en su conversación, en la Plazoleta de las Personas los ánimos del juego se elevan. Risas, gritos y varios balones entran en escena para poner a correr a niños y perros. Unas vecinas se saludan y se acomodan en otro banca, una de ellas cuenta una historia. Juan Pablo bota la servilleta del cono y se va a mostrar su maestría como futbolista. Los hermanos González prefieren resguardarse en la música. Es la vida ocurriendo en ese justo momento: historias que se cruzan, como un relato con personajes entrañables.

*Nota en colaboración con el Departamento de Bibliotecas