
Desde la ventana de su habitación, Valentina Alvarán Gómez da una primer vistazo al barrio mientras clasifica si se trata de una mañana soleada, gris o “maluca”; escucha los sonidos exteriores, también los de su casa. A veces, cuando va temprano a la tienda, se maravilla con la calma de las primeras horas del día y pone su mirada en las actividades cotidianas de sus vecinos, tan cumplidos en sus horarios, que le indican mejor que un reloj si ella misma está a tiempo o debe apurarse para llegar a clases.
Salomé, su hermana gemela, dice que todo se conecta, como las calles, así se entrelazan las historias de quienes las habitan. Ellas, observadoras y cazadoras de detalles, cursan noveno en el Centro Educacional Don Bosco y participan en el proyecto Hábitat y Territorio, Acompañado de Cartografía Social, que nació en la Facultad de Arquitectura, Escuela del Hábitat-Cehap, de la Universidad Nacional, y que ahora camina por la Comuna 5 de la mano de nuestra Biblioteca Pública Comfenalco Castilla.
El profesor Juan Carlos Ceballos lo había desarrollado en Quibdó como proyecto de co-creación con entidades aliadas, docentes y estudiantes, y lo propuso a la institución educativa y a la biblioteca para iniciar con dos grupos de noveno, abriendo posibilidades para que los jóvenes conozcan su entorno, teniendo en cuenta que “la participación ciudadana requiere de ciudadanos que conozcan su territorio en todos los ámbitos”.
El profesor Juan Carlos Ceballos lo había desarrollado en Quibdó como proyecto de co-creación con entidades aliadas, docentes y estudiantes, y lo propuso a la institución educativa y a la biblioteca para iniciar con dos grupos de noveno, abriendo posibilidades para que los jóvenes conozcan su entorno, teniendo en cuenta que “la participación ciudadana requiere de ciudadanos que conozcan su territorio en todos los ámbitos”.
Por eso, experimentan el territorio con todos los sentidos, analizándolo en sus luces y sombras. Colegio y biblioteca empezaron a trabajar juntos con herramientas como mapas, fotografías, videos, audios y entrevistas a vecinos para viajar al pasado y reconocer el presente, para recuperar la memoria, ubicarse en su comuna, explorar lo que no conocían y redescubrir aquello en lo que no habían reparado.
Cuenta Sebastián Bartolo, auxiliar de la biblioteca que los ha acompañado en el proceso, que iniciaron elaborando mapas para ubicar sus casas y puntos de referencia: canchas, parques, panaderías, iglesias, hospitales, colegios, árboles que custodian; y con la propuesta Cartografía, mapeo sonoro, para identificar a qué suena Castilla. Los audios que grabaron se convirtieron en material vivo que documenta la personalidad del barrio.
Desde que están en el proyecto, Valentina y Salomé exploran diversas rutas para ir de su casa al colegio o a la biblioteca. Ellas se detienen en la arquitectura de las viviendas (y lanzan hipótesis sobre cómo serán en su interior), en el entramado de las escaleras y en los sitios en los que antes había mangas, como les contaron con melancolía los vecinos más antiguos.
Explican que los hilos del barrio se tejen cada día desde que amanece: la madre que despide al hijo que va al colegio, el vendedor que madruga a ofrecer sus productos, un hombre que asoma su cabeza por una vieja ventana, el carro rojo clásico que sigue parqueado en el mismo espacio, el perro que ladra a quienes pasan. Las calles despiertan, las pisadas las marcan y esas rutinas, creen, son las que les dan vida.
*Nota en colaboración con el equipo de Bibliotecas