Más que una evaluación, este diagnóstico es una fotografía del estado actual de nuestros procesos. Nos ayuda a conocer qué tan estructurados, gestionados y preparados están para responder a las necesidades de la Caja y de las personas a quienes servimos.
¿Por qué es importante medir la madurez de un proceso?
Porque conocer el punto de partida nos permite tomar mejores decisiones. Esta medición facilita la identificación de acciones concretas para fortalecer la calidad, reducir riesgos, optimizar la forma de trabajar y generar mayor valor para afiliados, usuarios y equipos.
¿Cómo se realiza?
El diagnóstico se desarrolla de manera conjunta entre el líder del proceso y el equipo de Transformación de Procesos. A través de preguntas orientadoras y revisión de evidencias, se analizan aspectos como:
- Diseño e implementación del proceso.
- Seguimiento a indicadores.
- Mejora continua.
- Gestión de riesgos.
- Nivel de apropiación por parte del equipo.
Un punto de partida para seguir evolucionando
Los resultados no representan una calificación ni un punto final. Son una oportunidad para construir planes de mejora que fortalezcan nuestros procesos y nos ayuden a trabajar de manera más coordinada, eficiente y orientada a resultados.
En la próxima edición te contaremos cómo este diagnóstico contribuye al fortalecimiento de nuestro Sistema de Gestión de Calidad.
Cuando entendemos cómo funcionan nuestros procesos, encontramos nuevas oportunidades para evolucionar y seguir construyendo bienestar para todos.
