Un control es una actividad que se realiza para evitar errores, riesgos o incumplimientos. En otras palabras, nos ayuda a anticiparnos a situaciones que pueden afectar el proceso o la experiencia de nuestros usuarios.
Los controles pueden cumplir diferentes funciones:
- Previenen: ayudan a evitar que ocurra una falla.
- Detectan: permiten identificar alertas o situaciones a tiempo.
- Corrigen: ayudan a mitigar impactos y ajustar la causa raíz.
No todos los procesos necesitan controles en cada paso, pero sí es importante definirlos cuando existe un riesgo de error, un impacto para el usuario, requisitos normativos, manejo de información crítica o transferencia de información entre áreas.
Y para que un control sea realmente útil, debe responder preguntas simples como: ¿qué se controla?, ¿cómo se hace?, ¿quién es responsable?, ¿con qué frecuencia se realiza? y ¿qué evidencia deja?
Recuerda: un proceso controlado no es el que tiene más controles, sino el que tiene los controles correctos y los ejecuta de manera consistente. Empecemos por reconocer los controles que ya existen en la operación diaria de nuestros procesos.
Fortalecemos nuestros procesos para construir confianza, calidad y bienestar para todos.

Una respuesta
Valioso hablar del control y mucho más cuando nace de la identificación de riesgos como elemento clave del aseguramiento operativo de los procesos, estos sirven para evitar la ocurrencia de eventos no deseados y no puede confundirse con microgestión desde la responsabilidad de quien los debe ejecutar y del lider .