Fue un espacio de escucha, encuentro y reconocimiento, donde las voces de las participantes permitieron visibilizar las huellas que dejó la violencia, pero también la fortaleza y la esperanza de quienes continúan construyendo vida y comunidad desde la resiliencia.
A través de las conversaciones y la construcción colectiva de un mandala, las asistentes compartieron recuerdos, experiencias y reflexiones alrededor de la memoria, la dignidad y la reconciliación. Este ejercicio simbólico se convirtió en una forma de honrar las historias, abrazar las ausencias y reafirmar el valor de seguir tejiendo territorios más humanos y en paz.
Más allá del encuentro, esta experiencia nos recuerda que reconciliar también implica escuchar, reconocer las historias que han permanecido en silencio y abrir caminos para construir nuevas posibilidades colectivas.



Desde Cultura de Paz seguimos promoviendo espacios donde la palabra, la memoria y el diálogo se convierten en herramientas para sanar, comprender y avanzar juntos.
Porque escuchar las historias del territorio también es una forma de cuidar la vida, dignificar la memoria y sembrar esperanza para las nuevas generaciones.
